Noticias

8 octubre 2017

Kika Valdés, de Cooperativa SMart Chile: “El trabajo del artista precarizado ha sido el motor cultural de este país”

Que uno de cada tres trabajadores de la cultura no espere cobrar por su trabajo es solo uno de los tantos desalentadores resultados arrojados por el estudio de Proyecto Trama, El escenario del trabajador cultural en Chile, publicado en 2014. Al día de hoy, la red de profesionales tras este esfuerzo compone el proyecto de SMart Chile, cooperativa de trabajo que desde marzo de 2017 se ocupa en el mejoramiento de las condiciones laborales de los diferentes gremios de la cultura a través del desarrollo de nuevos sistemas de asociatividad.

En la novena versión de Cielos del Infinito, Erika Valdés, coordinadora del proyecto en la Región Metropolitana, visitó Punta Arenas para hacerse parte del festival ofreciendo una charla sobre cooperativas culturales, abierta a la comunidad y especialmente a los artistas y gestores de la cultura en la región, con el objetivo de dar a conocer el modelo de trabajo que por largo tiempo ha querido forjarse en el país.

Varios meses de investigación dieron vida al Manual de gestión para Cooperativas en cultura, documento que reúne las claves para comenzar esta forma de asociación entre artistas, poniendo sobre la mesa la necesidad de formalizar el trabajo cultural y posicionándose como una alternativa para cubrir las necesidades históricas del gremio. 

¿Por qué los trabajadores culturales no están cooperativizándose hoy en día y cuáles son los motivos por los cuales deberían?


La verdad es que el motivo es que hasta hace muy poco no se conocía este modelo.  Nosotros ahora nos damos cuenta que al levantarlo, al crear un manual de gestión en cooperativas para la cultura, se está generando de pronto mucho movimiento. En junio de 2016 tuvimos un encuentro internacional con presencia de Bélgica, España y Argentina, donde el modelo funciona ampliamente, con la misma orgánica solidaria que alguna vez aquí también existió. Nosotros teníamos una historia en torno a las cooperativas que se abolió, y retomarlo nos trajo hasta acá, porque existe la necesidad y hay una historia. Cuando itineramos con el Proyecto Trama por diferentes regiones, el nivel de participación sobrepasó el cupo de una sala incluso, y es que efectivamente este modelo hace falta y que, por lo demás, tiene mucho que ver con las características del sector: los artistas presentan de manera innata los valores de la cooperativa, además de que, intelectualmente, mastican otros conceptos, lo que lo transforma en un sector mucho más crítico y referente a muchos aspectos sociales. El modelo de cooperativa es parte de un modelo económico más grande que no funciona al igual al que estamos acostumbrados, que no gira en torno al dinero, pero que a su vez genera una adhesión muy naturalizada. Son muchos los artistas que no quieren trabajar con la transacción del dinero, sino entregar un producto cultural abierto y que pueda llegar a todos. Para nosotros, por ejemplo, es inentendible que festivales como este o cualquier otro ligado a los territorios más locales, cuyas autoridades aparentan estar bajo el discurso institucional de la descentralización, no tengan asignaciones directas. Es absurdo. Entonces si vamos a estar en la lucha constante, hay que buscar otros mecanismos donde nosotros coordinemos la auto sustentabilidad productiva de nuestro trabajo. Ya no queda otra.

¿Cuáles son los principales problemas que presenta, al día de hoy, el trabajo cultural en Chile?

Son varios. Quizás el principal es la no valoración del trabajo del artista, el hecho de siquiera considerarlo como un trabajador activo de la sociedad. Desde que no se valora la cultura, desde que los programas culturales son la última cartera en relevancia y que recibir el cargo sea un castigo, y desde que la gestión cambie cada dos meses porque no existe interés; toda esa humillación hacia el sector acentúa una desmoralización brutal que se ha extendido en vez de haberse acortado en los últimos años, y es eso precisamente lo que nosotros queremos trabajar. Otro de los problemas que vemos es la falta de fortaleza gremial y sindical en torno al trabajador de la cultura, sin un sustento político que nos garantice derechos en torno a lo laboral. En Chile, el gasto en cultura es de un 0.5%, cuando la Unesco recomienda un mínimo por país del 2% del gasto estatal y eso que ahora lo acaban de reducir. Todo esto tiene que ver con cómo se reestructura nuestro país durante los últimos 40 años y este golpe que la cultura aún no se puede sacar. Para trascender de ello viene el paso de ser mucho más colaborativos con nuestro medio y transversalmente también. Acá, por ejemplo, no hay asociaciones interdisciplinarias, que son súper nutritivas y que se dan en muchos otros países. Faltan estas redes de artistas que no sean solo colectivos. Hoy, un músico difícilmente se asocia con otro artista que no sea música. No conocen literatos, artistas visuales y hay tanta riqueza en el arte y en la interdisciplina. Por lo tanto todavía falta generar esa asociatividad, no solamente esperar algo a cambio. Recomendar, dar o entregar alguna solución, prestar algún equipo a cambio de nada. O solo por la simpleza de estar ayudando a otro. Eso se ha perdido e increíblemente en muchos sectores pasa. Piensa en los empresarios. Se ayudan, se tapan hoyos. Y es como increíble que en la cultura no se logre dar aún. Si apenas está presente en las zonas más centrales, imagínate los territorios que están más alejados, en las periferias. Nadie está vinculando a esos artistas fuera de los perímetros centralistas de hoy. Y lamentablemente pasa a nivel regional también, donde el núcleo se lleva los presupuestos y chao. Hay que tener un visión más territorial para ayudar a que la identidad se fortalezca en cultura en los distintos territorios.

¿Cómo abordó Proyecto Trama esta problemática?

Agenda Trama fue la propuesta de política pública para el desarrollo de las artes que presentamos en el congreso, ante la ministra del Trabajo y Cultura, con representantes del Ministerio de Educación, y convocamos pensando que estas actividades convocan poca gente y finalmente llenamos la sala, lo que quiere decir que la sociedad civil ha entendido que es una pega que nos pertenece. Hay una chispa que va prendiendo y la gente ha logrado visualizar rápidamente por el tan simple hecho de el trabajo del artista precarizado ha sido el motor cultural de este país. Aunque tengas que trabajar de telefonista, de camarero o seguir viviendo con tus papás a los cuarenta años, no vas a dejar de hacer tu actividad cultural. La cultura no para y eso es una nutrición para la sociedad y una manera de crear una identidad que no se está valorizando. En vista de ello, lo que estamos intentando proyectar es que la asociatividad da mucho crecimiento, que se traduce en movimiento político que se encamina a trabajar por estas necesidades. Ahora, para eso hay que perderle el miedo a la política, que no es otra cosa que ayudar a conseguir todos esos beneficios que nunca se han dado y que de otro modo nadie responde por ellos. Se cree mucho que el artista está feliz como está, siendo independiente, tocando en la calle. Los artistas son trabajadores como cualquier otro y debiesen tener sus regulaciones en torno a lo laboral con aspectos cubierto mínimos para no estar de viejo en la calle. Hoy, una mujer artista embarazada termina recurriendo a sus padres y a la ayuda para sustentarse. Nadie le reconoce sus derechos y eso no puede seguir pasando. Debemos tener una plataforma que nos dé una seguridad en torno a los aspectos sociales básicos. Por eso ahora nos encontramos peleando por las garantías básicas, paro a futuro pelear un sistema de seguridad social especial para artistas, que es algo que tienen muchos otros países. Pero para eso se requiere una construcción que tiene que ir paso a paso. Primero viene el empoderamiento en torno a los derechos como trabajadores culturales, y luego y gradualmente, ubicar en la sociedad la importancia que tiene la cultura y recordar que no está alejada ni disociada de la educación. Que no siga siendo el último mono que se mueva y que es un tema absolutamente transversal. Los artistas son parte del tejido educacional. Son los que hacen los talleres, son los profesores de arte. Son un educador más.

¿En qué aspectos se ha avanzado hasta ahora en términos más globales? ¿Qué garantías se han conseguido?

Hay muchos colectivos que ya están trabajando muy conscientemente de lo que significa su trabajo, que acuden a nosotros y nos explican los problemas que se les están presentando en términos legales, por ejemplo. Lo positivo es que la dinámica viene desde una propuesta de la Unión Europea que otorga un fondo a modo de incubación para dar el vamos y luego se espera que el país se haga cargo. Desafortunadamente, hasta el momento el país no se ha hecho ni pareciera que va a hacerse cargo, y ese es el motivo por el cual nosotros entramos de forma independiente a la batalla, por lo que no vale decir que sea un problema solo del trabajador cultural. Al día de hoy, los artistas de estos proyectos ya están fortalecidos y tienen conciencia de sus derechos, del tema de la asociatividad, pero además se nutrieron de los elementos básicos para la ejecución y el buen desarrollo de un programa cultural con una economía a largo plazo. Ahora tienen las capacidades para postular y ganar fondos, postulan a cosas más grandes, miran más lejos, están en la onda de la autogestión. Se ven resultados super concretos, pero se ven tras un tiempo. Por eso la planificación de la UE propone una última evaluación al cabo de 7 años, de modo que puedan verificar cómo el país recibió y desarrolló una continuidad del programa. Y al país se le puede atribuir una mala gestión estatal de lo contrario, así que al menos hay un método de “fiscalizar”.

¿Cuáles son las claves para comenzar una cooperativa cultural en Chile?

Todo el material, videos, herramientas técnicas está en la web, descargable, vigente y de fácil acceso. Y en paralelo como equipo Trama seguiremos haciendo asesorías y estamos abiertos a que nos busquen y nos hagan propuestas. Ahora lanzaremos una fundación cultural para seguir este trabajo, desde que Trama nos ha dado tantos conocimientos en torno a la gestión que no tiene sentido dejar abiertas cooperativas y guardar toda esta información. La clave está en  visualizar las voluntades muy bien, que es un trabajo previo de los equipos culturales. Hecho ello, encontrar la ayuda y la solución es muy fácil. Sobre todo ahora, que es un momento en donde, de partida, hay un empoderamiento en general de la sociedad civil, y hay un acuerdo en que la cultura reúne las condiciones para llevar las riendas del episodio y transformarse en un actor relevante. En Chile hay muchos proyectos que se presentan como “un taller” o “un evento”, o “un festival de artes escénicas” como Cielos del Infinito, pero no son solo eso. Hacen una gestión territorial mucho más grande y se trata de valorizar eso. Se configuran como una entidad política y eso no es casual. Y a eso nos referimos con que los artistas en este momento pueden liderar y presentar el modelos de cooperativas como una solución. Y le va a hacer mucho sentido al resto de nuestros compatriotas al punto de ojalá enamorarlos. Quizás sea la cultura el caballo de batalla del empoderamiento que necesita la sociedad civil en general y por eso es necesario que se unan los profesionales en torno al sector, que los colectivos se conozcan, investigar sobre las acciones culturales que están tomando lugar en otros territorios, estar pendiente y organizarse. Hay muchos factores que nos juegan a favor en este momento como la desconfianza y el desencantamiento de la política organizacional establecida. La invitación, por eso, es a asociarse y a encontrar la sinergia en el trabajo colectivo.

En el marco de la celebración de #cielosdelinfinito10años en la Patagonia, se desarrollan durante este 7, 8 y 9 de octubre las primeras Jornadas de Cooperativismo Cultural en la región, con el objetivo de compartir las experiencias de las distintas instancias de cooperativismo levantadas a nivel local como nacional, contando este año con la participación de la recientemente formada Cooperativa Kaudal (Punta Arenas) y SMart Chile, formada en Santiago y hoy avanzando a lo largo del país. La actividad se estará llevando a cabo en el Espacio Cultural La Idea (Mejicana 252) entre 15 y 18 horas.

Categorías

Red Periferias - Red de festivales regionales de artes escénicas de Iberoamérica

Etiquetas

#CerroCastillo#cielosdelinfinito10años#hechoenmagallanes#Porvenir#PuertoNatales#PuertoWilliams#PuntaArenasabonosada vilaróAdrián SchvarzsteinAndrea Barríaartesartes escénicasartes visualesartistas callejeroscartelera punta arenasciclo de cineciclo de cine argentinoCielos del InfinitoCielos del Infinito 2015cIELOSDELiNFIITOCielosdelInfinitocielosdelinfinitoamanocierlos del infinitocinecine punta arenascircoconcursoconvocatoriaCooperativismo culturalcorocoyhaiqueculturadanzaderechos humanosencuentro festivalesentrevistaescuelaescuela cielos del infinitoescuela de formaciónEscuela de Formación Cielos del InfinitoEspacio Cultural La Ideaespacio natalisEstación Mapochofestivalfestival cielos del infinitofestivalesfin del mundofotografíaFranciagestión culturalgraciasgraffitigraffiti en lanahito 10 añosiberoamércainauguraciónindustrias creativasjoyeríajunquilloKaudal cooperativaKika Valdésla coral de la palabraLa Mona IlustrelanaattackLorena AlvarezMagallanesmaría paz calabranoMatías PiletMono GonzálezmuralismomúsicaOliver Meyroupanorama punta arenaspanoramas punta arenasPatagoniaPatricia Mixpelículas argentinasperformanceperiodismo escolarPerspectiva Magallánicaplaza de armas muñoz gameroprácticasproducciónProyecto Apublic present 43 horespúblico presentepuerto natalesPuerto Williamspunta arenasqué hacer en punta arenasredoléssantiagoSMart ChileStgotallertaller danzaTaller de danza infantilTaller de MuralismoTaller de periodismotalleresTarabustteatrotrabajo en procesotrabajos en procesouniversidad de chileValparaíso es un Cuentovoluntariadovoluntariosyarn bombingYarnbombing